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Vida y obra con Mercedes Pujana

El encuentro

Cuando nos conocimos dijimos la palabra mágica y desde ese día, un encantamiento nos envolvió, como el agua a una isla. (Creo que¨ Alejandra Pizarnik¨ fue la palabra)
Vivíamos adentro de un cuento.  Eramos Hadas, brujas, la loca del desván, la reina loca, Alicia,  princesas sin manos, vírgenes suicidas, autómatas, Ofelia, Bathory, dobles…Nos fascinaba todo lo que nos prometiera fantasía y misterio. Estábamos alucinadas. Poseídas por el deseo de buscar respuestas o más bien preguntas. Con el desenfado propio de las niñas que llevábamos dentro, jugábamos con todo.



Bellas Artes

Llegamos a poner nuestra propia casa de muñecas, de escala humana. Se llamaba ¨Bellas Artes¨. Era un local donde vendíamos las muñecas que hacíamos y  ropa que parecía diseñada para los personajes de una novela gótica. Vendíamos, era una forma de decir, porque rara vez abríamos las puertas, salvo que fuera un ladrón o alguno con un cuento del tío, que en ese caso, sin querer, dejábamos entrar, claro.  Ah! también un día entró una inundación  por debajo de la puerta cerrada.  (El agua se las ingenia siempre para circular) Con el agua nos entendíamos: agua clara, cristalina, gotitas de agua, flotar,  dejarse llevar, ríos, arroyos con piedritas de colores, agua estancada, pantanos, fondo del mar, mundo poblado de sombras, formas difusas, sonidos distorsionados, melusinas, sirenas, criaturas peligrosas, cuevas.
Ahí nos encontrábamos a trabajar y tomábamos té de frutillas y charlábamos y nos transportábamos adonde fuera que no fuera la realidad concreta.  




El Senguerr

Cada tanto decidíamos salir al gran mundo exterior, a la intemperie, entonces nos íbamos de viaje al campo de Mechi en la Patagonia. Extensiones infinitas de pasto y horizonte todo para nosotras. Había días de sol que nos bañábamos en los ríos helados y otros en los que el viento era tan fuerte que nos cortaba los labios.
Escuchábamos atentas historias de cementerios de princesas indias, de espíritus de mujeres muertas que deambulaban en la noche entre los árboles y salíamos a su encuentro. De cacería. Con una canasta y un perro guardián. Debajo de las piedras, buscábamos pistas y hacíamos pic nic al borde del río.





De noche encendíamos un fuego en el hogar y leíamos cuentos de Silvina Ocampo o de Marosa di Giorgio. También leimos un libro de magia que enseñaba a hacer ceremonias sagradas y exorcismos.


Ceremonias

Las ceremonias eran nuestro juego preferido. La de rutina era la ceremonia del té.  Con nuestros dobles  (muñecas de trapo que habíamos hecho a nuestra imagen y semejanza)  nos sentábamos en una mesita en el jardín a tomar el emblemático té de frutillas, comer tostadas con manteca y mermerlada, fumar cigarrillos como niñas excéntricas y charlar por charlar ; pero sobtretodo,  descansar del laborioso trabajo cotidiano.
Las otras ceremonias eran más específicas y requerían una preparación exhaustiva. Habíamos aprendido, que para iniciarse en determinados conocimientos, había que seguir ciertos pasos. Por ejemplo, el miedo se vencía superando un gran miedo, la nada superando un gran vacío, etc. Era una ecuación sencilla y nos inventábamos los  rituales a la medida de nuestros fantasmas.
Hacíamos todo tipo de listas. Listas de miedos o cosas por el estilo. Listas de materiales para confeccionar los trajes. Listas de palabras para las oraciones. Listas de posibles escenarios. Después clasificábamos y acomodábamos todo en el tiempo por orden de prioridad. Finalmente trazábamos el plan y nos poníamos a trabajar.
El juego era muy serio. Eramos muy meticulosas y devotas.  Veíamos lo que no se vé y lo adorábamos.Todo estaba teñido de magia. La historia de un paisaje, el poder de un objeto. Los escenarios eran altares; las cosas, amuletos. Como el niño de Walter Benjamín que ¨atrapa a los espíritus cuyo rastro husmea en las cosas¨. Cueros de vaca, plumas, huesitos de animales, piedras, eran tesoros para nuestros ojos. Las huellas, por ejemplo, nos parecian la señal de una presencia acechante. El misterio era el aire que respirábamos. Nuestro oxígeno.



Obras

Algunos de estos experimentos los llamamos “obras” y las expusimos en algunas muestras. Otros no. El motivo de la elección aún lo guardo en suspenso. Si fue capricho o si simplemente tiene que ver con lo que uno quiere mostrar y lo que no. De todos modos, creo que lo más interesante de nuestra obra no fue la obra en sí misma, sino más bien, lo que nadie vió, lo que quedó puertas adentro en “Bellas Artes” o en algún rincón perdido del Senguerr y de nuestra memoria.



Altares

serie de fotos






An elite is inevitable
(nombre tomado de una obra de Jenny Holzer)
Eran una serie de muñecas que conformaban una especie de catálogo de lo raro.
Desde la niñia de la burbuja hasta la half woman, pasando por la mujer elefante.








Experimentos

Fotos de experimentos que hicimos con las muñecas. Cirugías, mediciones, etc.





Las conejitas

fotos